Alejandro Vega Blog

Vamos ordenando esos cristales rotos, que algo se puede rescatar de nuestros recuerdos.

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Lagrimas y Risas

Magma

 

Siempre lo supe,

que a los cuarenta mi corazòn serìa piedra.

Lo ví entonces,

con el escrutinio del púber

que come mundos por la noche

y por la mañana

busca la adultez en las pelusas de su barba.

 

Lo ví en su mirada,

la dureza inerte del que es herido muchas veces.

Cuando murió sólo, sin amigos, sin emitir sonido.

Ajeno a la fragilidad y los silencios.

 

Pesa todas las culpas que se hundieron

y pesa el amor que se contrae con los latidos.

Como el eco del amigo que se va cuando llovizna.

Como la vez que sonreí por tí, de adolescente.

 

Si pudiera rescatar un segundo, fresco

sería aquel en que dormía

con tu música pegada a mis entrañas.

Ah, si tan solo el tiempo fuera

como el grano de polvo que cae,

Como el filo de tu voz como trompeta.

 

Sí, entonces brincaría en el tronco que yace entre la tierra,

jugando al mundo con calor humano,

sedimentos llenos de sus abrazos grandes,

residuos grises de cuando todo tenía sentido.

 

Mientras tanto me quema.

Si lo pienso un poco, es màs que piedra,

roca fundida, que fluye dentro, como en olas.

Magma ardiente que cicatriza el pecho y las entrañas.

 

Hay recuerdos que son indescifrables,

estan rotos, metidos debajo del sofá, entre la basura.

Y a veces llego allí.

Para ver si encuentro el trozo de mi que se ha perdido.

 

Pero es en vano, me digo,

los recuerdos no son mas que retazos,

caos cotidiano de la vida llena,

llena de amores viejos, y palabras cortas.

Como el arrullo suave que me acunó aquel día.

 

Falta, desde aquella vez en que jalé los hilos

de la mórbida letra que mordió sus ecos.

Cierto, la edad me alcanzó un poco sólo,

aunque siempre pareció que no sería.

 

Desde entonces me veo viejo entre las tumbas,

como el que sabe en donde se termina.

Quieto, sereno, vacuo,

con la esperanza escondida entre las uñas.

 

Después de todo, la piedra tiene grietas

son estratos de años apretados,

que se unen y a la vez se separan,

inescrutables.

 

Descansaré, porque el amor también es laberinto,

y los amigos buenos nos aman como somos,

quiero ser para ellos un cristal, como de niño.

 

Descansaré, porque al final de todo hay una puerta,

que grita mi nombre en verbos recios, infinitos.

 

Alejandro Vázquez

 

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